EDITORIAL 13-6-2026
LA CANCIÓN ANDINA: LA OTRA MITAD DEL HIMNO PERUANO
Cada 15 de junio el Perú celebra el Día de la Canción Andina. La fecha suena protocolar, pero detrás hay algo más incómodo y necesario: el reconocimiento tardío de que en este país no se canta en un solo idioma ni con un solo ritmo.
Durante décadas, cuando
se hablaba de “música peruana”, Lima pensaba en valses, en polkas, en la jarana
criolla. La sierra tenía su música, sí, pero guardada para las fiestas
patronales y los migrantes que la escuchaban a escondidas en sus casas. Era
“huayno”, palabra que se usaba con el mismo tono con que se decía
“provinciano”.
Eso cambió porque los migrantes cambiaron Lima. Y porque muchos artistas andinos se negaron a cantar solo para su pueblo. Grabaron, viajaron, y metieron el charango en radios que antes solo pasaban boleros, guarachas.
La importancia de la
canción andina no está en lo pintoresco. Está en lo que registra. Mientras los
libros de historia hablaban de cifras y batallas, el huayno contaba la
migración forzada de los años 50, la pérdida de la tierra, el desarraigo del
que llega a Lima y ya no entiende a sus hijos.
También está en la lengua. El quechua no sobrevive solo en manuales de educación bilingüe. Sobrevive porque se canta. Porque un adolescente andino aprende metáforas que no existen en castellano: el río como tiempo que no vuelve, el cóndor como libertad que duele. Si ignoramos la canción andina, ignoramos una forma de pensar el mundo.
Hoy, lejos de ser folclor
para turistas, la canción andina mueve industria. Llena coliseos, domina radios
regionales, tiene millones de reproducciones en plataformas.
Muchos artistas no cantan
para el recuerdo. Cantan para una generación que
ya no se avergüenza de su apellido ni de su pueblo.
Despreciar la canción
andina es despreciar la mitad del himno nacional. Valorarla no es folclorismo.
Es entender, por fin, que ser peruano también suena así.
VALORES 13-6-2026
EDUCADORES Y VALORES AMBIENTALES
Los educadores
ambientales apoyan en la importante tarea de transmitir conocimientos y hábitos
orientados hacia la conservación, defensa y el mejoramiento del entorno.
Entre los valores que
intentan inculcar, podemos mencionar los siguientes:
La capacidad de amar,
valorar, cuidar y conservar este planeta como a la vida misma.
Aprecio y respeto del entorno, así como el cumplimiento de las leyes que regulan los impactos negativos del ser humano en la naturaleza.
Ser responsables de
nuestros comportamientos, conductas y hábitos de consumo, los cuales deben
estar encaminados al respeto y protección del medio ambiente.
Conservar, es decir,
cuidar y valorar los recursos naturales para las futuras generaciones.
Sensibilizar en torno a
los problemas ambientales, así como incentivar acciones voluntarias para su
mejoramiento.
Participación,
colaboración y ayuda mediante programas o campañas ambientales.
También, la educación
ambiental, busca unir los esfuerzos de padres, maestros, comunidades y
gobiernos con el fin de crear sociedades responsables.
TIEMPO DE
REFLEXIÓN: 13-6-2026
LA DIGNIDAD
HUMANA
La dignidad humana es el valor intrínseco e inalienable que posee toda persona por el simple hecho de existir. Es la base de los derechos humanos y del Estado de derecho, asegurando que cada individuo sea tratado con respeto, libertad y justicia, sin importar su condición social, origen o creencias.
La dignidad humana es el
valor que tiene las personas por el solo hecho de serlo. No depende de su
origen, su situación social, su religión ni su forma de pensar. Nadie puede
quitarla ni renunciar a ella. Porque es intrínseca a la humanidad, es decir que
forma parte de la esencia misma del ser humano.
Reconocer la dignidad
humana significa aceptar que todas las personan merecen vivir con respeto, libertad
y condicione básicas que les permitan desarrollarse plenamente: tener una
vivienda, educación, trabajo, salud y seguridad.
Por eso, la dignidad
constituye la base de los derechos humanos, que buscan asegurar una vida justa
y sin humillaciones para todos.
- Inherente: Nace con el ser humano y es parte de su
esencia. No se otorga ni se puede comprar.
- Inalienable: Nadie puede renunciar a ella ni ser despojado
de la misma.
- Universal: Pertenece a
todos por igual.



















